Muchos días salimos al jardín a sentarnos, cerrar los ojos y dedicarnos a escuchar.
Oímos los pajaritos, las hojas moviéndose con el viento, un perro ladrando a lo lejos, los estornudos de la vecina o el agua que tenemos dentro hirviendo al fuego.
Nos relajamos mucho y estimulamos los sentidos.
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